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PDF, 75 pages, in english |
He aquí un extracto del análisis narrativo de El Principito, un bestseller mundial de la literatura infantil y de la literatura en general.
En este análisis utilizamos conceptos de nuestros cursos de guión.
El Principito de Saint Exupéry, capítulo XVII, análisis: encuentro con la serpiente
El narrador comienza con fuerza: «Cuando uno quiere ser ingenioso, a veces miente un poco. No fui muy honesto cuando te hablé de los faroleros.
Pacto de lectura y distribución de la información: Antoine de Saint-Exupéry se abre así de nuevo en modo discursivo, y por primera vez el narrador se dirige directamente a nosotros, los lectores. En este punto, sabe muy bien que la complicidad entre nosotros y él está en pleno apogeo y que, por tanto, puede permitirse confesarnos parte de su falsa candidez, aunque ello suponga sorprendernos con una nueva paradoja: pues esta supuesta confesión sincera de su anterior insinceridad, como en la famosa paradoja del mentiroso (que miente cuando dice que dice la verdad, y que dice la verdad cuando revela que miente), bien puede esconder algún nuevo esquema intelectual. Aquí sabemos que miente de todos modos, ya que su descripción de los faroleros es, en el mejor de los casos, una fantasía humorística, y ya que al menos el lector adulto y el lector infantil bastante lúcido saben que toda la historia es una invención.
El narrador continúa: «Me arriesgo a dar una falsa idea de nuestro planeta a quienes no lo conocen.
Esta frase tiene toda la pinta de ser una nueva artimaña, porque ¿quién, entre los lectores, sería tan ignorante como para no saber nada del planeta en el que vive? En resumen, el autor sigue claramente -y para nuestro placer- «dando sentido».
El narrador desarrolla entonces la idea de que la humanidad, presente en toda la Tierra, cabe en realidad en muy poco espacio: una isla bastaría para esos dos mil millones de personas. «La gente grande, por supuesto, no te creerá. Creen que tienen mucho espacio. Se ven tan grandes como los baobabs. Así que les aconsejas que hagan las cuentas. Les encantan los números: les gustará. Pero no pierdas el tiempo con este pensum. Es inútil. Tienes confianza en mí.
Antoine de Saint-Exupéry estaba sin duda en un estado de ánimo atrevido cuando escribió este capítulo descabellado e ingenioso. Nos atribuye sus propias estrategias, hace lógicas sus alusiones disparatadas (baobabs, cálculo) e incluso se permite el lujo de afirmar que confiamos en él, cuando acaba de revelarnos y luego nos ha vuelto a demostrar que nos mentía… 🙂 Una vez realizada esta transición, la historia puede por fin reanudarse «normalmente».
El principito, que cree haberse equivocado de planeta, se encuentra con una serpiente que le confirma que efectivamente ha llegado a la Tierra, al desierto.
Este personaje de la serpiente lleva tal vez una referencia a la Biblia, pues como en el Génesis, lleva dentro el vicio, el mal, la muerte, y amenaza la pureza y la inocencia.
El príncipe muestra su planeta -una estrella- a la serpiente, y luego le confiesa su razón para abandonarlo: «- Tengo dificultades con una flor». El silencio.
Repetición del motivo de la nostalgia de la flor…
El principito lamenta no haber conocido a nadie. Entonces se atreve a decirle a la serpiente que la encuentra extraña y poco poderosa, a lo que la serpiente amenaza con decir que puede llevarlo «más lejos que un barco», mientras se enrosca en el tobillo del príncipe… antes de perdonarlo, como si se apiadara de él. El príncipe comprendió de qué se trataba.
La tensión sube de repente, el principito se enfrenta a la muerte por primera vez… la tensión vuelve a bajar, lo cual es un alivio – ¡uf! La lucidez del principito ante un tema tan grave como su propia muerte nos conmueve y asombra…
El príncipe pregunta por qué la serpiente siempre habla con acertijos, y la serpiente dice que los resuelve todos. De vuelta al silencio.
Esto puede constituir, para el lector infantil, un nuevo enigma… Otra paradoja filosófica. Por cierto, este tipo de paradoja, llena de picardía y sabiduría, es bastante común en la literatura infantil, en Alicia en el País de las Maravillas de Lewis Carroll, en Charlie y la Fábrica de Chocolate de Roald Dahl, etc.
Temas y distribución de la información: el silencio juega aquí el papel de un eufemismo que esconde cosas no dichas: la nostalgia del príncipe que piensa en su flor, con pudor, y el misterio de la serpiente, que no nos será revelado.
Estructura: este relato no era una historia en el sentido estricto de la palabra, sino una simple secuencia de diálogos sin valor dramático. El único elemento verdaderamente narrativo y dramático es la amenaza de la serpiente de matar al principito, que constituye la exposición temática de los datos de la trama para el asesinato del principito por la serpiente en el capítulo XXVI.
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